domingo, 1 de enero de 2012

Un Año más

 1 de enero de 2012.

Otro comienzo. Otras 364 páginas en blanco que trataremos de llenar con cosas buenas, siendo mejores hacedores cada día.
Es normal pedirle al Nuevo Año que haga, traiga y cumpla...quizás podríamos comenzar por prometerle algunas cosas y al final agradecerle por la mano que nos dio en el día a día, para cumplir con la Vida.

Nada puede impedir la remembranza y ese no sé qué que oprime el pecho.
Ya no están los padres, un hijo y un hermano y también el amor quedó lejano.
El hoy es así, los ayeres se vienen en tropel y el mañana pertenece al 2012.
 Por eso anoche estrené cuaderno (jaja la competencia ¡no te nojes!):

  A mis padres


  La noche nueva distribuye
sus silencios.

Trás la esquina del tiempo,
tán sólo veinte inviernos,
retornan del olvido.

Historias truncas, 
cuyo final, perdonen,
he debido escribir en otro idioma.

Acassuso, 01-2012 /2 hs. a.m.  


Pero gracias a la Vida, aquí están, los que están! 







De todos modos, caro Diario no me eximo de pedirle a este recién llegado, que se tome el trabajo de ser
                                              
                                                          ¡Un Año bueno!

sábado, 24 de diciembre de 2011

Noche Buena 2011

   Hola Diario,
  
   hoy vamos a escribir en rojo, para desear una buena Navidad (que eso de "Felíz" tiene denasiado uso y abuso) 

Hoy queremos estar y recordar, contigo que sos mi memoria, todas las Navidades, las doradas como la estrella y con olor a mandarina y a abeto verde, aquellas en las que el Niño Gesús venía con los juguetes para nosotros, tan niños,  que nunca nos preguntábamos cómo hacía, así de chiquito, para traer tantas cosas. 
Las que pasaron a puertas cerradas, para que ni la Luz del Pesebre se filtrara porque las bombas no sabian de fechas santas. En este momento traéme te ruego, la sonrisa de mis padres que ya no duele, porque habitan la dulce nostalgía de aquellas primeras Navidades.
Recordemos, en orden, las que vinieron después cuando Giorgio y yo, nos tuvimos que enterar que había Navidades calientes dónde los arbolitos no eran "de veras" y  lo mismo aprendimos a quererlos cuando nos tocó ser el Niño Gesús para los tres que mandábamos a dormir temprano mientras la nonna y los amigos nos ayudaban. Aquellas eran Noches buenas, muy buenas, entre risas y verdadera alegría. 
Hasta que un día, el Niñito Gesús le pasó la posta a Papá Noël, más creíble aunque vaya a saber como hacía para pasar la panza por la chimenea.
En fín, quiero que te acuerdes de todas las que fueron felices, aquellas en que, aún con unas lagrimitas brillando, lograbamos confundirlas con las lucecitas de la guirnalda.
Y ahora te pido que me traigas aquí, en secreto, la sonrisa de Pucci, la de su papá, la de mi hermano. Esas que se fueron últimas, porque son las que más me faltan hoy. Y las de aquellos amigos de fierro que nos enseñaron que en Navidad hasta se puede transpirar e igualmente ser felices!!
Vamos a traerlas aquí, dónde esta Lucecita que este año vino a revelarme que Gesús es la llama que nos alimenta, la que nos calienta el corazón cuando lo enfrían el dolor y las ausencias.
A esa Lucecita me entregaré y entregaré a su relumbre todos, todos los que amo, para que los ilumine, mieentras le pediré que me ayude a ver que aún, adentro, en mi alma, cabe el sonido de las campanas y el la la la de mi nieta y el "Felíz..." de Pablo y Ale, tan cercanos que los estoy viendo!



                                 Que tengas una buena Navidad, Rosanna



jueves, 22 de diciembre de 2011

Música en el arenero

Noche de diciembre en Tigre, precisamente en Boulevard Saenz Peña. Colorido, decontracté en un
ambiente retro, vintage, le dicen ahora, con  mucho color y cosas "viejas" .
Ropa demodée que urga en el recuerdo. ¿Yo me he vestido así? No encuentro ese espejo, el tiempo lo ha empañado y no volvería a habitarlo con esos modelos, ¿dónde vas, vieja ridícula con esa ropa? Me parece oírme.
Quizás a las chicas que se animen, les queden bien los moños y los macramé.

Los juegos habían sido desalojados del arenero, sustituidos por sillas de hierro, oxidadas reliquia de algún viejo bar y ahí, con los pies en la arena, el recuerdo encontró su ropa: se vistió de música.
Los chicos, que tal vez hace poco jugaban en ese arenero, devenidos en músicos, jugaban con un blue.
Eso salió redondo, complementándose con la chica que pintó en la pared el vuelo de un barrilete.
El día se había ido sin que me diera cuenta. En el blue, azul índaco del cielo, busqué las estrellas. Encontré una sola, brillante, chiquita, lejana y linda..."nel blu dipinto di blu.
Todo lo azul es hermoso y  el blue  (o blu) es siempre nostalgia. 
  

martes, 6 de diciembre de 2011

Esperando al Recién Nacido

Hola Diario,
llegó el último y yo sólo deseo que termine.
Hace rato que diciembre me encuentra profundamente cansada; no tengo ganas de escribir pero si grito un poco quizás me sienta mejor.
Dicen que todo el mundo, en este mes 12, hace un repaso.
El tema es que re-pasan cosas. Vuelven con un año más a cuestas y no por eso más lejanas.
Cuántas cosas hay que no dominamos, que nos atropellan, como lo hizo la rueda del colectivo con la mamá del novio de mi nieta, Silvia, que ahora lucha para volver a respirar o la enfermedad de Valentina que también arrecia en diciembre y me da miedo. Todo eso me duele, mucho, y estoy enojada.
Sí, enojada. Porque tres diciembres seguidos son demasiados para vivirlos con tanto desasosiego, sumando angustias a las ausencias.
Hay gente que hasta ayer ni siquiera conocía y que me llegaron  a través del amor...pero ¡por Dios! eso debía ser para alegría, para risas y festejos...¡y no!  Es diciembre y nos vemos en el hospital con Vero, con Pablo, su papá y sus hermanos, los mismos que hace poco tiempo ni conocía, y nos abrazamos, y rezamos y nos decimos palabras de fe que es lo único que sabemos decir.
 Con Valentina hago lo mismo, digo, le vamos a ganar y por dentro estoy hecha un trapo.
Entonces, es diciembre y no escucho las campanitas y miro para el otro lado cuando paso delante del desborde navideño de algunos negocios. No encuentro albricias en mi corazón porque no tengo paz.
Navideño, Navidad y yo estoy enojada otra vez, la reconciliación no dura porque no dura la paz.
Diciembre, ¡habría que borrarlo del calendario! Es un viejo que arrasa con todo, te tira un año más encima y pretende que lo despidas con burbujas.
Voy a cambiar el final; burbujas sean para enero, el recién nacido.
¿Qué dije? mi Niñito Gesús, recién nacido, ayudame a traer buenos momentos. ¡No te vayas, Señor!




viernes, 25 de noviembre de 2011

Encuentros en Rafaela




 Caro Diario, ya sabés que a mí nunca debes preguntarme ¿por qué? (el "para qué" ni viene al caso)
Para seguir una pista que podría reponder a la pregunta, podríamos volver a leer el post dedicado a los lapachos de Santa Fe. Pero no hace falta, si algo repetiré, será porque valía la pena repetir.
Recordaré solamente que este viaje nació en julio de 2010, en Roma, cuando el famoso Vuelo AZ680, decidió despegar dejando de a pie algunos pasajeros.
 Llegué a Rafaela, Santa Fe. Volví a escuchar ese acento que sustituye las "S" con la "J" y que tiene un substrato canterino donde nacen espontáneas la risa y la emoción. Volví a sentir el nudo en la garganta, resabio de aquel viejo amor, La Buena Ventura, donde sembrabamos trigo...en Santa Fe.

Entre los compañeros del vuelo fallido, conocí a dos Marisas y, a través de ellas, mucho más. A ellas y a auquel otro mucho más, es lo que fui a buscar a Rafela.
Después de dejar atrás Rosario, recostada sobre el río, bella ciudad que lo mira desde lo alto del orgulloso  monumento a la Bandera, tomamos la Ruta 34.
Mi hambre de "campo" comenzó a despertar. El sol y la luz de una mañana de verano doraban la  llanura, inmensa. Me recibían, apenas ondulantes, los trigales. Están listos, pensé, mientras buscaba inutílmente los confines de semejante mar de pan. Recordé la antigua cábala: hay que cortar espigas, traerlas "a la casa" y regalar algunas, de a tres, de a cinco, siempre impar, para que funcione y la abundancia está asegurada, hasta la próxima cosecha.
Bajamos al borde de la ruta, ahí donde los exágerados siembran en tierra de nadie -  o de Dios - que es al fín él que lo cuida todo por igual...sin que importe si está de aquí o de allá de la alambrada.
No fue fácil nuestra cosecha con mi tijerita; nos pinchamos las piernas, Bianca Pato y yo. Pero es tan lindo ¡andar en el trigo! A la cosechadora le va a faltar un manojo, pero como dijimos ¡hay que repartir!
 El trigo es bíblico, en mis tiempos se decía del pan, perfume de la mesa...ahora comemos más galletitas pero nada cambia. Y la que viene será una buena cosecha. Muy buen "rinde" dice mi alma chacarera.
La ruta sigue. Tambos, rollos de forraje bien guardados en silo bolsa (si no saben jaja, googleen!) vacas holando-argentina, las de la leche, rumiando bajo los montes o pastando al sol. Chacras cuidadas, estancias, alambrados, tranqueras, avenidas de eucaliptus como en la Buena Ventura, perfume, saudade, máquinas trabajando, maizales, nostalgía, una cosechadora apurándose al mediodía para llenar los carros antes que llegue el celaje.O la tormenta que el calor anuncia para la noche. 


Llegamos a Rafela. Una ciudad azul en la modorra de la tarde, bajo una orgía de jacarandaes.Una llamada al celular, una voz dulce, alegre y solícita, la de Marisa que prepara citas y programas.
El descanso es breve, en un hotel antiguo, con altas puertas y una escalera ancha con barandas de hierro forjado (azules) que sube entre plantas, detrás de un frente vidriado que no esconde el jacarandá.








El reencuentro es él del título. Amoroso emocionado...de Roma a Rafela, sí, ¡llegaste! Te lo prometí y nunca fallo aunque esta vez es con chofer porque acá no llegan aviones y mis ojos ya no soportan las rectas infinitas. (después, a la vuelta, lloraré un poco ¿de rabia? no sé, pero tampoco de autocompasión. Mejor no pregunto y me dejo acariciar [el alma] por los mimos de Bianca y Pato). Patricia, además, maneja muy bien y yo, todavía, puedo tomar el volante en la autopista.
Me fui, perdón.
Llega la tarde, la ciudad despierta, y nos vienen a buscar. Habrá helado en la calle principal, la quinta con la pileta llena de chicos,  la lluvia que trae el asado al horno, risas, anécdotas,  conocemos a los maridos, Fabricio y Roberto y a los chicos también por sus nombres: Delfina, Gabriel, Marianela y (oh! mi Dios!) Robertino. Bianquina se integra, hay mucha risa en el cuarto de los chicos. Lindas familias, sencillas, generosas, numerosas. Buenas familias que avanzan en el día a día enseñando, trabajando hacia el futuro, honrando la memoria de aquellos nonnos gringos. Acá nadie dice "tano"...eso es, despectivo, para los que optaron por ser porteños  aunque lo mismo, se pelaron las manos en las obras o en el puerto.

Así llegan las historias. Hablamos un poco de la nuestra (la mía!) y de las que ellas me mandaron; la prosa realista y entrañable del rafaelino Lermo Balbi y  los poemas de Fortunato Nari que conocí personalmente esa tarde. Otro encuentro inolvidable, siempre condimentado con historias  que nos hermanan.
Hay un gran apego a la tradición gringa. Escritos, pinturas y un museo temático donde todo es auténtico o muy bien rediseñado para reconstruír la epopeya de aquellos primeros corajudos campesinos que llegaron a fines del '800 "per fare l'America" Cada cosa, cada persona con quien hablo, rememora y reivindica la colonización piamontesa, con mucho orgullo.
En los libros que leí, en el nombre de las calles y en los de la gente, resuenan apellidos que me son familiares...¿que me vas a decir si te cuento que una concesionaria Ford pertenece a un Giorgi? Pato estaba por averiguar si somos parientes! ¿Quién sabe?
Buen lío si lo pensamos bien! Yo soy de Milán, es decir, lombarda; ni piamontesa, ni argentina, ni santafesina, sin embargo, en cada lugar, hay una parte de mí.
Quizás pensó lo mismo otro poeta rafaelino, Mario Vecchioli, cuando escribió este fragmento de "Los Inmigrantes":
      [...] Más tarde todavía,
      lejanos vientos les traerán susurros
      de patria inolvidada. Y los recuerdos
      los morderán como un dolor agudo.

      Pero ellos son los númenes
      que han de crear un mundo.
      Y en frente está la calle
       donde el destino los aguarda, oculto.


       Y sin temblar se llevan su coraje
       a conversar con el futuro.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Redescubriendo Buenos Aires










Hola Diario,
son días raros estos días en los que el año va deslizándose a su fin.
Desde hace un tiempo, largo o corto no importa, este resbalar conlleva un indecifrable desasosiego.
Esa incapacidad que tengo, ése no saber soslayar los aniversarios, aunque racionalmente nada cambia, sino que solamente las ausencias cumplen años, es lo que acarrea el desasosiego junto con esa cuota de incerteza sobre el año que comienza.
Hace dos días cayó el 11 del 11 del 011. Confieso que no me pude conectar con la generalizada efervescencia frente a una hojita del almanaque. Es verdad, no volverá a suceder en no sé cuántos cientos de años. Tal vez si lo hubiera pensado así...¿me habría sentido privilegiada por "estar" en ese preciso día del calendario? No sé.
A la mañana, a las 11, estaba en Martínez "haciendo" Banco, pagando cuentas y otros recados...Claramente me olvidé de mandar mi mensaje al universo. A la noche, cuándo daban las 11.11, sin quererlo miré el relojito de la compu...¿señal? Y bueno, no hay que despreciarlas. De modo que me uní en silencio al "resto del mundo", prendí dos velitas y elevé la mente hacia  el cielo, sí, el mismo Cielo que aprendí a reconocer desde niña, a Jesús y a su Mamá, que "están" allá y a mis amados que deben también "estar", allá.
Ellos son para mí el Universo al cual me dirijo, pidiendo y agradeciendo...todos los días del calendario.

Entonces, ya que de aniversarios se trata, te cuento que salí a festejar con Valentina, sus cinco años en casa.
Ella me pidió "el Boletín" y se lo hice, con amor y con humor porque, eso de ponerse demasiado sentimentales ya está demás. Así que salimos a festejar.
Pensé que a veces, es más oportuno regalar algo que se "sienta" en lugar de algo que se toque. Elegí bien y me alegro porque disfruté su disfrute y el mío, por añadidura.
Tomamos el Hop on Hop off de Buenos Aires. Florida y Diagonal, una de la tarde. En la cola donde se escuchaba hablar brasilero, como dos turistas más. Fue un día de sol hermoso. El cielo muy azul, el viento que peinaba las nubes, nos despeinaba a nosotras en lo alto del autobús.
No aprovechamos mucho del recorrido, llegamos al Caminito y ahí nos quedamos. Mi última visita había sido en el '97, un día de junio helado y lloviznoso, que no me había dejado un buen recuerdo.
Valentina iba por primera vez, cumpliendo un gran deseo.
 Me encantó la diferencia. Todo está limpio, cuidado, hermoso en su peculiaridad, entrañable en el color de aquellos otros tiempos  reconstruídos, sin quitarle ese aire de feria popular que te estampa una sonrisa desde que llegás.
Tratando de captar el alma que late detrás de las reconstrucciones, mi cámara registraba la policromía prepotente de las paredes y de las chapas que algún día fueron viviendas de los que bajaban de los barcos.
Dice la historia que traían la pintura desde aquellos barcos, que la mezclaban para que durara y pincelada va, pincelada viene hasta agotarla, coloreaban las chapas, las escaleras de hierro y las paredes de los conventillos hoy convertidos en pequeños museo, adornados en el frente con leyendas en primorosos fileteados. Al adentrarse en los angostos pasillos, uno se encuentra con representaciones de la vida cotidiana de entonces o con emporios de cursilerías y shopping destinados a los turistas. Hay que remarcar que la venta es respetuosa y risueña.
Valentina gozaba con cuanto monigote se nos cruzaba. Naturalmente quiso la foto con el jugador de Boca  parado sobre su pelota, luego con la lavandera apoyada al piletón.
Almorzamos pizza en "Piccola Italia" , lugar elegido por ella. Ahí seguí fotografiando el patio, las escaleras y la ventanuca.
Luego caminamos un poco más, la fotografié de espaldas al viejo puente del Riachuelo que ¡ya no huele, más, jaja!
Llegamos así a la parada del Hop off y mientras lo esperábamos, saqué la gran cruz que se eleva donde estuvo el puerto. Vale estaba radiante.Como dije, disfruté regalando eso que veía en su cara y el gran beso que me dió, diciendo, qué hermoso día que pasé!

El autobús retomó su recorrido mientras yo escuchaba en el auricular la explicación del guía, en italiano. De puro curiosa para ver qué y cómo explicaban los detalles: ¡impecable!
Al dejar atrás Avenida Patricios y Barracas, cambia el mundo. Ya no nos sentimos tan en alto al llegar a Puerto Madero. Sabemos, es una maravilla de modernidad, los ojos se pierden al contar los pisos de los rascacielos que desafían las nubes en la conquista de ese azul tan azul que es el cielo de Buenos Aires en un día de primavera.
Por suerte o no, el transito citadino estaba recomplicado, así que las paradas en los semáforos se prolongaban  bastante como para permitir que las cámaras se llenaran de vistas urbanas no programadas.
Ahora basta de chachara y paso a compartir algo de lo que vi.