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viernes, 11 de marzo de 2011

Lágrimas impotentes

Hoy, caro Diario, lloramos por todo lo imponderable que nos acecha como pequeña humanidad que somos.
Hoy, millones de gentes, como uno, familias como la mía, la tuya las de todos los hombres, ni tendrán la fuerza para preguntarse ¿por qué?
Nuestra casa, nuestra madre tierra, está matando a sus hijos que no tienen armas para defenderse ni encontraron medidas para prevenir sus ataques.
No creo en lo que dicen, que se está vengando. Me parece pueril. No acepto esa culpa que amamos endilgarnos de que "estamos destruyendo al planeta". Ciertamente producimos demasiado humo, demasiado plástico y talamos quizás demasiados árboles. Pero eso que hoy ha matado y seguirá matando, viene de adentro, de abajo, desde dónde ningún hombre ha podido llegar, no ser con sus estudios y sus mediciones que por casi exactas, todavía no nos ayudan.
Frente a esto sólo siento impotencia.
Entonces rezo, rezo casi sin mirar al cielo, porque en estos momentos debo acallar las dudas.
Rezo, como en los momentos de absoluta soledad, desde lo profundo, para todos aquellos que están sufriendo tanto dolor.
Y pienso en éso: ¿cómo podemos vencer el dolor?
Quizás, rezando desde lo profundo, como aprendí de mi abuelo:
De profundis clamavit, Te Domine !
(Desde lo profundo clamo a Ti, Señor!)