Hola Diario,
hoy escuché algo que me hizo reflexionar en profundidad.
Alicia, la Maestra, dijo: espiritualidad no es lo mismo que religiosidad y viceversa.
Debo decir que fue una tarde especial, impregnada de sentires diversos, de conexión con "el otro" , inducida a través de un clima especial, en una de esas reuniones a las cuales siempre me acerco con curiosidad, aunque, desde mi eterna búsqueda, con esperanza.
Mi hija fue el trait-d'union necesario, pero al conectarme con Tere se fueron los años y me invadió una necesidad de entrega. De entregar primero y de entregarme después.
Sentí que me abandonaba la rigidez y me dejé llevar por esa necesidad de dar, de transmitir, de dejar salir un sentimiento de augurio y de protección.
Le pedía a mis manos que transformaran esa necesidad en la energía necesaria para que el milagro se diera.
Utilicé todos los medios que me pusieron a disposición, desde la vibración de los cuencos hasta la misma que me llegaba desde la música. Me propuse transformarme en vehículo para transmitir el espíritu de mi experiencia.
Y aquí llego a las diferencias de las que habló la Maestra: mientras yo sentía que mi espíritu entraba en conexión con la espiritualidad reinante, mientras apoyaba mis manos sobre el pecho de Tere, sobre los hombros de Lella, sentí nacer desde mi profunda religiosidad, una oración. A mi oración me remití entonces, con esa fe que "conozco", que me es cercana, que me sostiene y a la cual recurro cuando quiero transmitir fuerza o ayuda así como cuando yo preciso de esa fuerza y de esa ayuda.
Entonces, mientras volvía a casa, pensaba que había experimentado algo hermoso, como la fusión de dos aspectos tan fundamentales, como lo espiritual y lo religioso.
Auque, pensándolo bien, quizás para mí no estén tan separados. Mi religiosidad no es tan pragmática, tan formal. Tengo mis formas, mis momentos. Hay momentos en que puedo visualizar el rayo blanco de mi Arcángel Gabriel, sentir realmente la armonía que me transmite y entrar en un espacio de paz. Asimismo, cuando envío mi "burbuja" a mis nietos, les envío toda esa luz.
Otras veces tengo la imperiosa necesidad de asistir a una misa sin que por eso me deje distraer por el rito, no, estoy ahí con todo mi espìritu conectado con el milagro de la celebración y sin distraerme, me conecto con lo que fui a buscar...que no es otra cosa que la cercanía y la conexión con un hijo que me ha dejado.
Enfín, la paz es una búsqueda permanente. La armonía interior no es una constante, es trabajosamente complicada de alcanzar. A veces nos basta con mirar un cielo azul o un campanario que se eleva hasta él.
Todos los medios que tienden a lograrla son valiosos. Y no me cierro a ninguno.
Esta tarde llegué a sentirme envuelta en una armonía colectiva, desde la palabra y luego desde el sonido,que pasando de mano en mano, transmitía la vibración que cada uno imprimía al producirlo.
Fue lindo. Gracias, Lelín. Te dedico este hermoso campanario.
