jueves, 22 de diciembre de 2011

Música en el arenero

Noche de diciembre en Tigre, precisamente en Boulevard Saenz Peña. Colorido, decontracté en un
ambiente retro, vintage, le dicen ahora, con  mucho color y cosas "viejas" .
Ropa demodée que urga en el recuerdo. ¿Yo me he vestido así? No encuentro ese espejo, el tiempo lo ha empañado y no volvería a habitarlo con esos modelos, ¿dónde vas, vieja ridícula con esa ropa? Me parece oírme.
Quizás a las chicas que se animen, les queden bien los moños y los macramé.

Los juegos habían sido desalojados del arenero, sustituidos por sillas de hierro, oxidadas reliquia de algún viejo bar y ahí, con los pies en la arena, el recuerdo encontró su ropa: se vistió de música.
Los chicos, que tal vez hace poco jugaban en ese arenero, devenidos en músicos, jugaban con un blue.
Eso salió redondo, complementándose con la chica que pintó en la pared el vuelo de un barrilete.
El día se había ido sin que me diera cuenta. En el blue, azul índaco del cielo, busqué las estrellas. Encontré una sola, brillante, chiquita, lejana y linda..."nel blu dipinto di blu.
Todo lo azul es hermoso y  el blue  (o blu) es siempre nostalgia. 
  

martes, 6 de diciembre de 2011

Esperando al Recién Nacido

Hola Diario,
llegó el último y yo sólo deseo que termine.
Hace rato que diciembre me encuentra profundamente cansada; no tengo ganas de escribir pero si grito un poco quizás me sienta mejor.
Dicen que todo el mundo, en este mes 12, hace un repaso.
El tema es que re-pasan cosas. Vuelven con un año más a cuestas y no por eso más lejanas.
Cuántas cosas hay que no dominamos, que nos atropellan, como lo hizo la rueda del colectivo con la mamá del novio de mi nieta, Silvia, que ahora lucha para volver a respirar o la enfermedad de Valentina que también arrecia en diciembre y me da miedo. Todo eso me duele, mucho, y estoy enojada.
Sí, enojada. Porque tres diciembres seguidos son demasiados para vivirlos con tanto desasosiego, sumando angustias a las ausencias.
Hay gente que hasta ayer ni siquiera conocía y que me llegaron  a través del amor...pero ¡por Dios! eso debía ser para alegría, para risas y festejos...¡y no!  Es diciembre y nos vemos en el hospital con Vero, con Pablo, su papá y sus hermanos, los mismos que hace poco tiempo ni conocía, y nos abrazamos, y rezamos y nos decimos palabras de fe que es lo único que sabemos decir.
 Con Valentina hago lo mismo, digo, le vamos a ganar y por dentro estoy hecha un trapo.
Entonces, es diciembre y no escucho las campanitas y miro para el otro lado cuando paso delante del desborde navideño de algunos negocios. No encuentro albricias en mi corazón porque no tengo paz.
Navideño, Navidad y yo estoy enojada otra vez, la reconciliación no dura porque no dura la paz.
Diciembre, ¡habría que borrarlo del calendario! Es un viejo que arrasa con todo, te tira un año más encima y pretende que lo despidas con burbujas.
Voy a cambiar el final; burbujas sean para enero, el recién nacido.
¿Qué dije? mi Niñito Gesús, recién nacido, ayudame a traer buenos momentos. ¡No te vayas, Señor!




viernes, 25 de noviembre de 2011

Encuentros en Rafaela




 Caro Diario, ya sabés que a mí nunca debes preguntarme ¿por qué? (el "para qué" ni viene al caso)
Para seguir una pista que podría reponder a la pregunta, podríamos volver a leer el post dedicado a los lapachos de Santa Fe. Pero no hace falta, si algo repetiré, será porque valía la pena repetir.
Recordaré solamente que este viaje nació en julio de 2010, en Roma, cuando el famoso Vuelo AZ680, decidió despegar dejando de a pie algunos pasajeros.
 Llegué a Rafaela, Santa Fe. Volví a escuchar ese acento que sustituye las "S" con la "J" y que tiene un substrato canterino donde nacen espontáneas la risa y la emoción. Volví a sentir el nudo en la garganta, resabio de aquel viejo amor, La Buena Ventura, donde sembrabamos trigo...en Santa Fe.

Entre los compañeros del vuelo fallido, conocí a dos Marisas y, a través de ellas, mucho más. A ellas y a auquel otro mucho más, es lo que fui a buscar a Rafela.
Después de dejar atrás Rosario, recostada sobre el río, bella ciudad que lo mira desde lo alto del orgulloso  monumento a la Bandera, tomamos la Ruta 34.
Mi hambre de "campo" comenzó a despertar. El sol y la luz de una mañana de verano doraban la  llanura, inmensa. Me recibían, apenas ondulantes, los trigales. Están listos, pensé, mientras buscaba inutílmente los confines de semejante mar de pan. Recordé la antigua cábala: hay que cortar espigas, traerlas "a la casa" y regalar algunas, de a tres, de a cinco, siempre impar, para que funcione y la abundancia está asegurada, hasta la próxima cosecha.
Bajamos al borde de la ruta, ahí donde los exágerados siembran en tierra de nadie -  o de Dios - que es al fín él que lo cuida todo por igual...sin que importe si está de aquí o de allá de la alambrada.
No fue fácil nuestra cosecha con mi tijerita; nos pinchamos las piernas, Bianca Pato y yo. Pero es tan lindo ¡andar en el trigo! A la cosechadora le va a faltar un manojo, pero como dijimos ¡hay que repartir!
 El trigo es bíblico, en mis tiempos se decía del pan, perfume de la mesa...ahora comemos más galletitas pero nada cambia. Y la que viene será una buena cosecha. Muy buen "rinde" dice mi alma chacarera.
La ruta sigue. Tambos, rollos de forraje bien guardados en silo bolsa (si no saben jaja, googleen!) vacas holando-argentina, las de la leche, rumiando bajo los montes o pastando al sol. Chacras cuidadas, estancias, alambrados, tranqueras, avenidas de eucaliptus como en la Buena Ventura, perfume, saudade, máquinas trabajando, maizales, nostalgía, una cosechadora apurándose al mediodía para llenar los carros antes que llegue el celaje.O la tormenta que el calor anuncia para la noche. 


Llegamos a Rafela. Una ciudad azul en la modorra de la tarde, bajo una orgía de jacarandaes.Una llamada al celular, una voz dulce, alegre y solícita, la de Marisa que prepara citas y programas.
El descanso es breve, en un hotel antiguo, con altas puertas y una escalera ancha con barandas de hierro forjado (azules) que sube entre plantas, detrás de un frente vidriado que no esconde el jacarandá.








El reencuentro es él del título. Amoroso emocionado...de Roma a Rafela, sí, ¡llegaste! Te lo prometí y nunca fallo aunque esta vez es con chofer porque acá no llegan aviones y mis ojos ya no soportan las rectas infinitas. (después, a la vuelta, lloraré un poco ¿de rabia? no sé, pero tampoco de autocompasión. Mejor no pregunto y me dejo acariciar [el alma] por los mimos de Bianca y Pato). Patricia, además, maneja muy bien y yo, todavía, puedo tomar el volante en la autopista.
Me fui, perdón.
Llega la tarde, la ciudad despierta, y nos vienen a buscar. Habrá helado en la calle principal, la quinta con la pileta llena de chicos,  la lluvia que trae el asado al horno, risas, anécdotas,  conocemos a los maridos, Fabricio y Roberto y a los chicos también por sus nombres: Delfina, Gabriel, Marianela y (oh! mi Dios!) Robertino. Bianquina se integra, hay mucha risa en el cuarto de los chicos. Lindas familias, sencillas, generosas, numerosas. Buenas familias que avanzan en el día a día enseñando, trabajando hacia el futuro, honrando la memoria de aquellos nonnos gringos. Acá nadie dice "tano"...eso es, despectivo, para los que optaron por ser porteños  aunque lo mismo, se pelaron las manos en las obras o en el puerto.

Así llegan las historias. Hablamos un poco de la nuestra (la mía!) y de las que ellas me mandaron; la prosa realista y entrañable del rafaelino Lermo Balbi y  los poemas de Fortunato Nari que conocí personalmente esa tarde. Otro encuentro inolvidable, siempre condimentado con historias  que nos hermanan.
Hay un gran apego a la tradición gringa. Escritos, pinturas y un museo temático donde todo es auténtico o muy bien rediseñado para reconstruír la epopeya de aquellos primeros corajudos campesinos que llegaron a fines del '800 "per fare l'America" Cada cosa, cada persona con quien hablo, rememora y reivindica la colonización piamontesa, con mucho orgullo.
En los libros que leí, en el nombre de las calles y en los de la gente, resuenan apellidos que me son familiares...¿que me vas a decir si te cuento que una concesionaria Ford pertenece a un Giorgi? Pato estaba por averiguar si somos parientes! ¿Quién sabe?
Buen lío si lo pensamos bien! Yo soy de Milán, es decir, lombarda; ni piamontesa, ni argentina, ni santafesina, sin embargo, en cada lugar, hay una parte de mí.
Quizás pensó lo mismo otro poeta rafaelino, Mario Vecchioli, cuando escribió este fragmento de "Los Inmigrantes":
      [...] Más tarde todavía,
      lejanos vientos les traerán susurros
      de patria inolvidada. Y los recuerdos
      los morderán como un dolor agudo.

      Pero ellos son los númenes
      que han de crear un mundo.
      Y en frente está la calle
       donde el destino los aguarda, oculto.


       Y sin temblar se llevan su coraje
       a conversar con el futuro.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Redescubriendo Buenos Aires










Hola Diario,
son días raros estos días en los que el año va deslizándose a su fin.
Desde hace un tiempo, largo o corto no importa, este resbalar conlleva un indecifrable desasosiego.
Esa incapacidad que tengo, ése no saber soslayar los aniversarios, aunque racionalmente nada cambia, sino que solamente las ausencias cumplen años, es lo que acarrea el desasosiego junto con esa cuota de incerteza sobre el año que comienza.
Hace dos días cayó el 11 del 11 del 011. Confieso que no me pude conectar con la generalizada efervescencia frente a una hojita del almanaque. Es verdad, no volverá a suceder en no sé cuántos cientos de años. Tal vez si lo hubiera pensado así...¿me habría sentido privilegiada por "estar" en ese preciso día del calendario? No sé.
A la mañana, a las 11, estaba en Martínez "haciendo" Banco, pagando cuentas y otros recados...Claramente me olvidé de mandar mi mensaje al universo. A la noche, cuándo daban las 11.11, sin quererlo miré el relojito de la compu...¿señal? Y bueno, no hay que despreciarlas. De modo que me uní en silencio al "resto del mundo", prendí dos velitas y elevé la mente hacia  el cielo, sí, el mismo Cielo que aprendí a reconocer desde niña, a Jesús y a su Mamá, que "están" allá y a mis amados que deben también "estar", allá.
Ellos son para mí el Universo al cual me dirijo, pidiendo y agradeciendo...todos los días del calendario.

Entonces, ya que de aniversarios se trata, te cuento que salí a festejar con Valentina, sus cinco años en casa.
Ella me pidió "el Boletín" y se lo hice, con amor y con humor porque, eso de ponerse demasiado sentimentales ya está demás. Así que salimos a festejar.
Pensé que a veces, es más oportuno regalar algo que se "sienta" en lugar de algo que se toque. Elegí bien y me alegro porque disfruté su disfrute y el mío, por añadidura.
Tomamos el Hop on Hop off de Buenos Aires. Florida y Diagonal, una de la tarde. En la cola donde se escuchaba hablar brasilero, como dos turistas más. Fue un día de sol hermoso. El cielo muy azul, el viento que peinaba las nubes, nos despeinaba a nosotras en lo alto del autobús.
No aprovechamos mucho del recorrido, llegamos al Caminito y ahí nos quedamos. Mi última visita había sido en el '97, un día de junio helado y lloviznoso, que no me había dejado un buen recuerdo.
Valentina iba por primera vez, cumpliendo un gran deseo.
 Me encantó la diferencia. Todo está limpio, cuidado, hermoso en su peculiaridad, entrañable en el color de aquellos otros tiempos  reconstruídos, sin quitarle ese aire de feria popular que te estampa una sonrisa desde que llegás.
Tratando de captar el alma que late detrás de las reconstrucciones, mi cámara registraba la policromía prepotente de las paredes y de las chapas que algún día fueron viviendas de los que bajaban de los barcos.
Dice la historia que traían la pintura desde aquellos barcos, que la mezclaban para que durara y pincelada va, pincelada viene hasta agotarla, coloreaban las chapas, las escaleras de hierro y las paredes de los conventillos hoy convertidos en pequeños museo, adornados en el frente con leyendas en primorosos fileteados. Al adentrarse en los angostos pasillos, uno se encuentra con representaciones de la vida cotidiana de entonces o con emporios de cursilerías y shopping destinados a los turistas. Hay que remarcar que la venta es respetuosa y risueña.
Valentina gozaba con cuanto monigote se nos cruzaba. Naturalmente quiso la foto con el jugador de Boca  parado sobre su pelota, luego con la lavandera apoyada al piletón.
Almorzamos pizza en "Piccola Italia" , lugar elegido por ella. Ahí seguí fotografiando el patio, las escaleras y la ventanuca.
Luego caminamos un poco más, la fotografié de espaldas al viejo puente del Riachuelo que ¡ya no huele, más, jaja!
Llegamos así a la parada del Hop off y mientras lo esperábamos, saqué la gran cruz que se eleva donde estuvo el puerto. Vale estaba radiante.Como dije, disfruté regalando eso que veía en su cara y el gran beso que me dió, diciendo, qué hermoso día que pasé!

El autobús retomó su recorrido mientras yo escuchaba en el auricular la explicación del guía, en italiano. De puro curiosa para ver qué y cómo explicaban los detalles: ¡impecable!
Al dejar atrás Avenida Patricios y Barracas, cambia el mundo. Ya no nos sentimos tan en alto al llegar a Puerto Madero. Sabemos, es una maravilla de modernidad, los ojos se pierden al contar los pisos de los rascacielos que desafían las nubes en la conquista de ese azul tan azul que es el cielo de Buenos Aires en un día de primavera.
Por suerte o no, el transito citadino estaba recomplicado, así que las paradas en los semáforos se prolongaban  bastante como para permitir que las cámaras se llenaran de vistas urbanas no programadas.
Ahora basta de chachara y paso a compartir algo de lo que vi. 





 

sábado, 29 de octubre de 2011

Noche de sábado

Caro Diario,
no te envalentones, acá estoy porque sos el único que me escucha esta noche, a estas horas.
Sucede que desde hace unos días pienso en Brasil. Brasil =  mar dulce = morro verde = colores =sabores = música = recuerdos = saudade...igual, inevitablemente saudade, porque si hablamos de Brasil, la nostalgia se llama de otro modo.
Siempre hay un detonante, un viento que sacude la calma. Las fotos que Vicky sacó en Río, encendieron los flashes y el video corre, corre detrás de la frente y delante de los ojos, memores.
Aunque he decidido no aburrirte con el te acordás de tal y cual lugar, momentos o compañero/s.
No, nada personal. Digamos que es ficción y todos contentos.

[...Afuera, el sol de Brasil se reflejaba en las veredas arabescadas y desde un bar apenas abierto, salía un ritmo de samba...]


... Como en la madrugada anterior pudieron ver el alba despuntar desde el mar, mientras el taxi recorría la avenida costera todavía desierta. Las dos jóvenes estaban en silencio. Cada una entregada a la belleza de esa postal donde el nacer del sol hace pensar en la creación.
Así debe haber nacido la Tierra, tan hermosa, de una explosión de fuego que poco a poco, se fue amansando en el azul profundo... 
Final de un capítulo de un libro inédito, de Rosanna Altieri.


Si supiera hacerlo, acá pondría una canción...."Tristeza por favor vai en bora..." No importa. 
La música, todos la conocen.



 

domingo, 23 de octubre de 2011

Elegir

Sin dudas debe ser la acción más ligada a lo que definimos "libre albedrío".
De hecho, cada acción del hombre, (salvo la de nacer que dependió de la voluntad o la causalidad de otros dos seres) es una elección.  Desde muy chicos elegimos, éste juguete sí, éste no, y quizás él más nuevo sea él que quede relegado en un rincón.
Y así, durante el resto de nuestra vida. Nos enfrentamos a tener que elegir caminos, carreras, trabajos y compañeros de ruta. En ésta última elección quizás tengamos, al principio, un aliado muy valioso que nos facilita la tarea o simplemente no nos pone en la disyuntiva. Estoy hablando del amor, (adivinaste, ¡Diario!)  que debe ser  absoluto. Sin embargo el amor, es un camino de ida y vuelta, quizás el único en el cual eligiéndo, nos dejamos elegir. Después , casi siempre, llega el momento de racionalizar. La suerte es cuando el raciocinio reafirma la elección. Del resto es inútil hablar porque ya entraríamos en un terreno donde sólo los protagonistas tienen la palabra, por más técnicas psicológicas se quieran implementar. No obstante, caro Diario, sólo los protagonistas tienen siempre la palabra...y vuelven a elegir caminos, diferentes, divergentes o paralelos, pero siempre les queda la posibilidad de elegir, a ellos mismos, insisto, ellos mismos, sin interferencias ni imposiciones, podrán volver a elegir.

Acá quería llegar para explicarme lo que siento hoy, después de ver reconfirmado lo previsto en las elecciones presidenciales. Digo, yo fui a votar, es decir, elegí y sin embargo a nadie le importa lo que yo haya elegido. ¿Por qué me venden un discurso de libertad cuando yo y unos 20 millones más tenemos que someternos a lo que eligieron los otros tantos? Y pregunto, ¿nos dejarán decir a los que no elegimos, cuando no nos gusta lo que hacen los elegidos? A las pruebas me remito ...no digamos que hay inflación, paguemos callados si no queremos que nos llegue la boleta del Tribunal de Faltas...o del Sheriff de Nottingham! Y para colmo ni tenemos a un Robin Hood! 
 Entonces ¿a quién le queda la palabra a la hora de razionalizar la elección? Habrá algunos que lleguen a preguntarse, como en las parejas, ¿qué hago si ésto no funciona? ¿Cuántas interferencias e imposiciones deberé soportar antes de poder volver a elegir? En esto incluyo leyes y  disposiciones que "democráticamente" nos impondrán los decretos de necesidad y urgencia,  las leyes de diputados ausentes  y los  atropellos sindicales y piqueteriles varios.
Muchas preguntas sin respuesta. Me queda la esperanza en un milagro. Quizás, nuestra Presidente, al verse, al sentirse tan querida, se de cuenta de que es justamente eso: NUESTRA Presidente y  no se trinchere detrás  los apláusos, creyéndose que con el clap clap está todo bien y todo dicho.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Fin de la búsqueda!

¿Viste? ¡Volvimos! Aunque no fue fácil, logré llegar a la paginita blanca después de la oscuridad cybernética (la más difícil de explicar) de 4 días.
Así caro Diario, pasaron días dignos de una nota de amor y otros no. Ahora es tarde para el resumen.
Mejor pasar al hoy, que trajo la muy buena noticia, el fantástico alivio. Hoy puedo retomar aliento para el mañana aunque, apurado él, en pocas horas, pasará a unirse a la tropa de los ayeres.
Entonces habrá que hacer algo para que se quede un poco más. Habrá que darle tareas, se me ocurre, como hacen las flores que nacen pimpollo y esperan que el mañana las descubra en su revelada intimidad. Y desde ahí, seducir a ese domani, tentarlo para que vuelva en alas de mariposas, en el metálico aletear del colibrí para ser gozo y alimento en cada nuevo mañana.

Si lo digo de esta manera, puedo llegar a creeerlo. Cada domani, engendrará otro domani.
Además es primavera, aunque la ceniza la opaque un poco, el trino del zorzal le canta al primer atisbo de la aurora. Gracias al zorzal, caro Diario, nos liberamos de la síntesis del epígrafe.
Él zorzal, sabio,  introduce la pausa, el descanso entre el ocaso y el alba del poema.
Y anida, aquí.